Una vez más y de la mano de Alberto Vidal conseguimos trasladarnos mentalmente a recónditos parajes donde poder disfrutar de excepcionales cafés.

Cañón del Colca

Desde Arequipa, en un viaje de entre cuatro y seis horas, se puede visitar, y merece mucho la pena, el Cañón del Colca y contemplar el majestuoso vuelo del cóndor. La carretera es de tierra polvorienta, pero relativamente cuidada. Saliendo de Arequipa, la silueta del volcán Misti, de 5.821 metros de altitud, nos saluda y acompaña un buen tramo de camino.

Durante el recorrido se pueden observar manadas de llamas y alpacas y algunos ejemplares sueltos de vicuñas y guanacos, las cuatro variantes de camélidos americanos.

El punto más alto de la ruta está a 4.800 metros, se llama “La Raya” y cuenta con un mirador espectacular y vendedoras de artesanía amables y persuasivas. Se nota la altitud y es costumbre dicen, hacer pequeñas montañitas de piedras al borde del camino.

Allí comienza el camino a descender hacia Chivay, situada a 160 kilómetros de Arequipa. En sus cercanías está el primer hilo de agua que acabaria convirtiéndose en El Amazonas.

El Pozo del Cielo

Elegimos para alojarnos el hotel El Pozo de Cielo. Está a las afueras del pueblo, cruzando un puente y situado en altura. Lo elegimos porque se alojó en él Javier Reverte al comienzo de su aventura amazónica, que plasmó en su libro “El río de la desolación”. Habíamos comido nada más llegar a Chivay con la compañía del típico grupo musical, armados de ponchos, quenas, guitarras y charango (o parecido). El café era estupendo. Aquello prometía. Paseamos por el pueblo, soportábamos bien la altitud gracias a unas pastillas compradas en Lima y a las hojas de coca que habíamos masticado en el viaje con polvo de cal.

El hotel precioso en su sencillez. Un pequeño pozo en el patio. Cenamos bien y el café resultó sorprendentemente meloso, de puchero, con permanencia prolongada en el paladar. Una señora nos trajo una bolsa de agua caliente para la cama. Las noches son muy frías. A la mañana siguiente el agua del pozo se había helado.

Desayunamos fuerte y tomamos varias tazas de café. Mi mujer añadió una infusión de hojas de coca, pan casero tostado, mantequilla, mermelada y huevos fritos. El café, digno del día que nos esperaba: suave, poco ácido, con un fondo de cacao espectacular.

El vuelo del cóndor

A sesenta kilómetros, en la Cruz del Cóndor, vimos cómo las aves ascendían lentamente. Fueron tres horas de asombrosa contemplación, desde el fondo del cañón hasta sobrevolar nuestras cabezas, aprovechando las corrientes cálidas ascendentes que provocaba el sol de la mañana. El vuelo del cóndor es majestuoso. Su envergadura puede llegar a los tres metros.

El Cañón del Colca está considerado como el segundo más profundo de la tierra. Tiene unos 100 metros de longitud y su hondura sobrepasa los 3.000 metros en algunos tramos. La mañana resultó maravillosa.

Camino del autobús un último cóndor nos despidió  volando con sosegada solemnidad sobre nosotros. Comimos a una hora tardía en Chivay y fuimos a tomarnos el último café en El Pozo del Cielo en honor a Javier Reverte y al cóndor. También una infusión de hojas de coca; había que volver a cruzar “La Raya”.

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