Frías temperaturas activan las neuronas de un camarero y éste, gracias a su ingenio y a la necesidad, da vida a esta magnífica bebida, denominada Irlandés. Hoy en día tan demandada en cualquier ocasión.

Exitosa bebida entre la población.

Es curioso pero cierto, os podemos asegurar que hay gente a la que ni le gusta el café, ni el whisky, pero le chifla el café irlandés.

Nos gustaría hablar del origen de este curioso combinado que tanta fama ha alcanzado alrededor del mundo.

Probablemente mucho pensaréis que se trata de una bebida con una larga historia, pero nace en 1942. En aquella época existían vuelos entre Irlanda (Port Foynes) y Estados Unidos, más conocidos como»flying boats» cuyo trayecto duraba 18 horas.

Si, 18 horas en un avión de la época, con un frío que pelaba. Vamos, que poco tiene que ver con lo que conocemos hoy en día. La historia cuenta que un avión que de dirigía a Estados Unidos tuvo que dar la vuelta debido a una fuerte tormenta (algo que ocurría con relativa frecuencia).

El Chef Joe Sheridan, jefe de cocina del restaurante Port Foynes, se encontraba sirviendo café cuando se le ocurrió la idea del whisky para animar y calentar a aquellos pasajeros que llegaban rendidos de tanto trote. Al probarlo, un americano preguntó si se trataba de café brasileño y Sheridan contestó: «NO, ESTO ES CAFÉ IRLANDÉS».

Ingredientes:

1 espresso

15 ml de whisky irlandés

15 ml de nata líquida (35% materia grasa)

8 gramos de azúcar

Elaboración:

Preparar un espresso en una jarra pequeña. Disolver el azúcar en el whisky con la ayuda de una cuchara. Incorporar el whisky con el azúcar disuelto en el fondo de una copa pequeña, añadimos el café encima con cuidado con la ayuda de una cuchara (se puede montar la nata con ayuda de una coctelera para que quede sobre el café de mejor manera).