Probablemente Harlem sea el barrio más cinematográfico del mundo. Barrio negro en peliculas de cine negro, en films de blanco y negro. También nos evoca la música del Cotton Club o las capillas de Gospel. Pero, en cualquier caso, la imagen que nos llegaba era de inseguridad y sordidez.

Hoy, afortunadamente, el barrio ha cambiado a mejor, a mucho mejor. Se han restaurado viviendas, se han repintado fachadas, se han reparado aceras, el asfalto de muchas calles y avenidas luce de puro nuevo, farolas intactas, papeleras limpias y un toque de plató cinematográfico renovado domina el ambiente. Por lo menos en sus calles y avenidas principales.

Las escaleras que comunicaban las aceras con los portales de las viviendas siguen ahí, igual que las escaleras metálicas de las salidas de incendios.

Hacía un sol espléndido, el cielo de N.Y lucía azul y la avenida Lenox se presentaba amplia y luminosa a la vista. En el poste señalizador la avenida también aparecía como Malcom X.

Historias de otros tiempos en los que los discriminados por el color de su piel recibían mensajes de profetas como Martin Luther King o Malcom X.

En el número 1969 de la avenida está la afetería Settepani. Es hermana de otra igual ubicada en Brooklyn. Todo el personal de la cafetería, pese a su nombre italiano, es negro, muy joven y muy atento.

Mi mujer y yo pedimos dos espressos y nos sirvieron dos pequeñas maravillas. Taza pequeña y ovalada, café cortito con crema excelente, con sabores a cítricos, algo acaramelado y muy intenso. Fantástico,

Pedí un segundo café y conté el tiempo de extracción; Eran 24 segundos. Su retrogusto me acompañó un tiempo largo de aquella mañana soleada en el corazón de Harlem.

Alberto Vidal